Feliz, feliz en tu día.

Un cumpleaños tradicional holandés es una de las peores cosas que te pueden pasar en la vida. Por lo menos en la vida social de aquí. Más vale que te armes de paciencia y que seas dueño de una vida interior rica para poder poner el piloto automático y escaparte a las Maldivas sin que se note, porque si no, es muy probable que a mitad de la celebración te invada un sopor inaguantable de esos que te hacen dar cabezadas y se te nuble la vista.

Mi primera experiencia cumpleañera-tulipanera fue hace bastantes años. Estaba yo recién llegada, y así a traición y sin advertencia previa, el ex me arrastró a una fiesta de un amigo.

“Será divertido”, me dijo.

Anda que si lo llego a saber se va al cumpleaños con su tía la coja. Para empezar, en un cumple holandés se tiene que felicitar a TODO EL MUNDO, no solo al homenajeado. Por tanto, cómo llegues un poquito tarde, te va a tocar darle toda la vuela al círculo, estrechando todas las manos una a una y diciendo cada vez, “gefeliciteerd”, o sea: felicidades. Qué?, que a qué círculo me refiero? Ah!, es que se me ha olvidado decirlo. En Holanda es costumbre hacer una remodelación completa del comedor para los cumpleaños. La remodelación consiste en coger TODAS las sillas que tengas en casa, o incluso pedirle a los vecinos si se tercia, y ponerlas formando un círculo alrededor del comedor. A medida que llegan los invitados se van sentando, y ya está: la fiesta de Blas está montada.

En esta primera fiesta en concreto me pasé un total de 7 horas sentada en la misma silla. Una gozada para mi espíritu y para mi culo, oyes. Porque es que las fiestas de aquí son así: te sientas y no te mueves, y si te toca la tía abuela sorda de 80 años en la silla de al lado, pues ajo y agua. Te vas a pasar las próximas horas en su bonita compañía gritándole a la trompetilla. A mi es lo que me pasó en la fiesta en cuestión, con el agravante de que yo, cómo estaba recién aterrizada no hablaba ni palabra de holandés, y la pobre mujer pues nada de inglés, y ya de español no digamos. Se me quitaron las ganas de fiesta para toda la vida.

El ritmo del cumpleaños holandés funciona así: llegar, dar la vuelta al ruedo, y sentarse. En cuanto te sientas, te ofrecen un café o té y un trozo de pastel, sea la hora que sea. Y así te lo tienes que comer; haciendo equilibrios con el trocito de pastel en el regazo y el café en la mano, porque claro, el círculo es grande y la mesa está a tres metros. Si te quieres poner azúcar y lo consigues sin derramar café o se te caiga el pastel, ya puedes entrar a trabajar en el circo del sol.

Cuando ya estás aclimatado y en conversación amena (ejem), la anfitriona, anfitrión, o alguien cercano a ellos (una madre, un padre o similar), pasarán todo el rato con una bandejita llena de cuadrados de queso (kaasblokjes), y rodajas gordas de salchicha parecida al paté pero dura ( leverworst). Si tienes suerte, los trocitos tendrán una banderilla holandesa encima. Así parece que la comida sea más alegre, no? Los mencionados trocitos de queso o paté, se mojan en un platito pequeñito que está colocado a su lado en la bandeja que pasan. No te pases mojando, porque es mostaza y pica.

Luego, te pasarán otra bandeja con una especie de croquetas redondas (bitterballen). Huelen estupendas pero por favor, CON CUIDADO. Están rellenas de ragú, que es como una carne picada y la temperatura interior alcanza los mismos grados que el núcleo del planeta Tierra. Si les hincas el diente sin prudencia estarás una semana entera sin poder comer, porque la lengua se te pondrá dos veces de su tamaño normal. Son pequeñas granadas camufladas, destinadas a que te quemes y no comas más en la fiesta, así gastan menos. Los holandeses tienen fama de ser más agarrados que un chotis, pero no es así. Ellos son solamente muy cuidadosos con el dinero, dicen cuando les preguntas.

Las biterballen mortales

Después de estas degustaciones culinarias dignas de la guia Michelin, si tienes muchísima suerte y el del cumpleaños es modernito, te pondrán una mesa llena de tapas españolas. Si, sí….tal que así. De repente, te encontrarás con tu queso mancheguito, patatas bravas, allioli, tal vez boqueroncitos…….. y también pesto italiano con rodajas de baguette francesas, y sala tzatziki griega o turca. Viva la pluralidad cultural y la unión europea! Viva!

Ahora, si el que celebra el cumple es un poquito clásico, o una persona mayor, pues te vas a joder, porque te encontrarás a lo sumo una bandeja de una especie de ensaladilla rusa y muchos, muchísimos trozos de arenques crudos y cebolletas en vinagre, que aquí es la delicatessen nacional. Y se acabó la fiesta.

De repente, te das cuenta que tienes el culo como un bloque de cemento de tantas horas en la misma silla, y el estómago ya, con tanta mezcla de café y bitterballen con mostaza, ni te cuento.  Bueno, pues nada, hasta el año que viene, y de nuevo gefeliciteerd eh?

Yo ya hace muchos años que tiré la toalla con esto de los cumpleaños, no tengo ninguna esperanza y lo único que puedo hacer es no colocar sillas en el mío. Y de pasar la bandeja una leche. Yo pongo una mesa llena de comida y que cada uno se sirva lo que le de la gana. Lo aceptan, pero se que en el fondo piensan que estoy loca.  A quién se le ocurre celebrar un cumpleaños sin cebolletas en vinagre?

Menos mal que siempre nos quedarán las tapas.

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